El bosque aula

Artículo por Equipo Amigos de Los Parques de la Patagonia

Los Parques Nacionales son hoy notables espacios para el aprendizaje, cuyo potencial aún está por descubrirse. Estos lugares antiguos y naturales nos han regalado respuestas a pequeñas y grandes interrogantes científicas, filosóficas y artísticas desde su variedad ecosistémica, la música de su matemática manifiesta y el cromatismo que alimenta nuestros tímpanos y córneas especialmente diseñados para recibirla. Los seres humanos aprendemos desde nuestros primeros momentos de vida, y para aprehender hemos recibido el regalo de los sentidos.

Entonces, cabría preguntarse cómo sería una educación que considere los Parques Nacionales como maestros. Se sabe que estímulos visuales, sonoros, táctiles, olfativos, gustativos y emocionales nos ayudan, a través de la observación, encuentro, absorción, empatía y comparación a aprender y comprender. Aprendemos e interactuamos para poder ser: constituirnos como personas, creadoras y canalizadoras, y entrar en el ritmo mosaico de aquello que nos rodea.

¿Qué pasaría si nuestra maestra fuera la montaña, el río, el bosque, la cascada y todo aquello que los constituye y habita? ¿Cuántos tipos de plantas sabe nombrar un niño o una niña de siete años de edad? ¿Y de diecisiete? ¿Y de cuarenta y siete? ¿Sabría reconocerla o incluso dibujarla? Según el filósofo Immanuel Kant “Todo nuestro conocimiento comienza por los sentidos, luego procede al entendimiento, y decanta en la razón”. Si los sentidos recibiesen y comprendiesen trumao, coihue, ciervo volante, chilcos y chunchos, decantaríamos otras formas. ¿Cuál sería la razón que germinaría al entender el mudo corazón del bosque? Posiblemente una con emoción, creatividad y empatía: formas de afinar la razón basal de siglos anteriores, con la fuerza de la naturaleza.

Columna escrita por Gisela Frick Hassenberg

Colaboradora voluntaria