Opinión: El desafío de conservar el mar patagónico

Artículo por Equipo Amigos de Los Parques de la Patagonia

Compartimos columna del Consejero de Amigos de los Parques, Max Bello, acerca del desafío de crear espejos de conservación en la Patagonia, publicada hoy en el diario El Llanquihue.

Mi primera visita a los fiordos me dejó grabada la imagen de los árboles prácticamente tocando el agua salada, meciéndose muy suavemente sobre el color verde oscuro del mar, verde reflejo de los bosques que se encaramaban en las mas increíbles paredes, cerros y peñascos de la geografía de fábula de la región de Los Lagos. Ese fondo marino constituye un espejo de biodiversidad y riqueza, igual a la terrestre, quizás mayor, y definitivamente menos conocida. Nos ha tomado tiempo observar que esa conexión es vital la una para la otra, “sin azul no hay verde” dice mi colega, bióloga marina, exploradora y amiga, Sylvia Earle. La fuente de la vida y nuestra propia humanidad viene del mar, es lo que determina la diferencia de este planeta con los millones que existen en el universo.

Sin embargo, esa conexión ha sido ignorada y esto ha llevado a tomar malas decisiones. La Patagonia, con su belleza y riqueza biológica increíble, es hogar del 90% del territorio nacional protegido como parque nacional, pero no así su superficie marítima, que hoy se sigue destruyendo en manos de una actividad insustentable a todas luces como es la salmonicultura. Esta actividad, que incluso se ha permitido en áreas protegidas del Estado, como ha sido el otorgamiento de concesiones dentro de los límites del Parque Nacional Alberto D’Agostini, sigue extendiéndose sin miramientos.

Hemos avanzado en Chile hacia la conservación marina con 43% de nuestras 200 millas náuticas bajo alguna forma de protección (aunque sin muchas herramientas para hacerla efectiva) buscando posicionarnos internacionalmente al “dar la mano al mar de vuelta” por deberle nuestra propia existencia. Sin embargo, aún tenemos una gran deuda con los ecosistemas costeros continentales y, en particular, con el mar patagónico, que no es el espejo de conservación de la superficie terrestre que merece y debe ser.

Este mar patagónico no es sólo el hogar de culturas ancestrales insulares, Kawésqar o Yagan, no es sólo el hogar de especies endémicas como el delfín chileno, sino que es un refugio para la biodiversidad y para los cambios que se aproximan debido a la crisis climática. Un refugio que permitirá, si sabemos rectificar nuestras acciones, la recuperación y reparación del océano del futuro, nuestro futuro.

Max Bello, Consejero Amigos de los Parques

Crédito de la foto: Eugenio Rengifo