Opinión: Patrimonio natural y bienestar

Artículo por Equipo Amigos de Los Parques de la Patagonia

Acerca del valor intrínseco de la biodiversidad, cómo se ha desarrollado a partir de ella la historia de la humanidad y la paradoja que nos ha llevado a poner en jaque el patrimonio del cual dependemos escriben en esta columna publicada en el diario El Llanquihue, Gabriela Simonetti-Grez & Javier A. Simonetti, de ONG Kauyeken.

La biodiversidad es un patrimonio natural invaluable, tanto por su valor intrínseco, como por su contribución al bienestar y las culturas de diversas sociedades. Ella ha sido fuente de desarrollo, bienestar e identidad de distintas comunidades durante toda la historia de la humanidad, proveyendo alimentos y medicamentos de especies como el maqui y el chilco; abejorros, aves, murciélagos y moscas nativas polinizan numerosos cultivos, mientras las chinitas controlan sus plagas. La vegetación colabora en mantener las reservas de agua dulce, y gracias a interacciones de muchas especies se forma el suelo y controla su erosión.

Además, recibimos beneficios intangibles culturales, que incluyen valores como los recreativos, simbólicos, educacionales y espirituales. En Chile hay leyendas asociadas a su entorno natural, como el relato de Licarayén y el Volcán, entre otros cientos de creencias, rituales, símbolos y tradiciones que nacen y se nutren de la naturaleza.

Sin embargo, este patrimonio está bajo amenaza, con un 70% de las especies evaluadas en Chile en peligro de extinción. La sobreexplotación, el cambio de uso de suelo y la pérdida de hábitat, las especies invasoras y el cambio climático son las amenazas más graves para la biodiversidad, y todas responden a acciones humanas.

Nos enfrentamos a una paradoja: estamos viviendo de tal forma que hemos puesto en jaque el patrimonio del cual dependemos. Parte del problema radica en que hemos perdido el contacto con la naturaleza y no reparamos que somos parte y dependemos de ella. Este alejamiento genera una “extinción de la experiencia”, donde las nuevas generaciones se relacionan cada vez menos con la biodiversidad y, por lo tanto, no le conocen ni valoran. Uno de nuestros desafíos como humanidad es reconectarnos con la biodiversidad, reconocer su carácter patrimonial, y aquí, las áreas protegidas son una herramienta clave para lograrlo.

El patrimonio que hoy conocemos es la herencia de lo que antaño protegieron y nos han legado. Y ese patrimonio no es inmóvil, sino que evoluciona junto a miles de interacciones que se dan en la tierra. Hoy es parte esencial de nuestra identidad y nuestro bienestar, y será mañana lo que hoy decidamos conservar.

Gabriela Simonetti-Grez & Javier A. Simonetti, ONG Kauyeken

Crédito de la foto: Gregor Stipicic