¿Por qué Parques Nacionales?

Artículo por Equipo Amigos de Los Parques de la Patagonia

Compartimos aquí columna completa de Juan Pablo Orrego publicada hoy en diario El Llanquihue sobre la relación del ser humano con la naturaleza y qué podemos comprender en los parques nacionales.

¿Por qué Parques Nacionales?

En el planeta Tierra la vida surgió misteriosamente en forma microscópica hace 3.800 millones de años. Por los siguientes dos mil millones de años en “esta extraña roca” sólo vivían bacterias que abarcaron todo el globo terrestre y que comenzaron a crear las condiciones para que se desarrollaran formas de vida más complejas, y una biosfera diversa semejante a la actual. Hoy los taxónomos distinguen cinco reinos en nuestro planeta: bacterias, protoctistas (las algas y otros), hongos, plantas y animales. Entre los animales estamos nosotros, la especie humana. ¿Cuál es la relación entre nuestra especie y los otros cuatro reinos? En su libro Microcosmos, los autores científicos Lynn Margulis y Dorion Sagan invitan a pensar sobre las eternas interrogantes existenciales del ser humano, las mismas que planteaba Gautama Buda: quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos.

Columna Juan Pablo Orrego

Nos invitan a entender cómo los así llamados microbios nos produjeron, al ser ellos los que establecieron las bases químicas y estructurales fundamentales en las que se basa toda forma de vida terrestre. Los autores argumentan que lo que impulsa el proceso evolutivo y genera innovaciones es la cooperación y la simbiosis. Estas permiten que seres simples, con distintas habilidades y capacidades, establezcan íntimas asociaciones mutualistas que pueden llevar a una unión simbiótica y al surgimiento de organismos más complejos. Aquí no hay competencia neodarwinista, sino interacción, interconexión, interdependencia. Por ejemplo, los organelos intracelulares que abastecen de energía nuestros cuerpos, las ya famosas mitocondrias, son descendientes de las cianobacterias. Así, albergamos en nuestros cuerpos descendientes de las bacterias arcaicas que dieron origen a la vida hace miles de millones de años.  Ni hablar de los cientos de cepas de bacterias en nuestros intestinos sin las cuales no podemos digerir bien ésa empanada y ése vaso de vino tinto.

Entender nuestro lugar en el planeta desde esta historia natural implica un cambio de paradigma, es una revolución copernicana. Pero hoy en las urbes de cemento, vidrio y acero, y con el paradigma desarraigado en nuestras mentes, estamos mentalmente desconectados de la naturaleza. Y esto nos desconecta de nosotros mismos. Necesitamos urgentemente abrir nuestros sentidos y corazón a ella. Se trata de un ejercicio físico, sensorial, incluso espiritual: cerrar los ojos, respirar profundamente, y sentir, y visualizar nuestra pertenencia total al flujo recursivo de la materia, la energía y la información de la biósfera. Estamos adentro, somos uno sólo con la biósfera. La biósfera es realmente nuestro cuerpo extendido. Si descubrimos nuestra pertenencia e identidad con la naturaleza, con las bacterias que moran multitudinariamente dentro de nosotros, con los misteriosos hongos, las fantásticas plantas fotosintéticas que nos dan todo, con los bellos y diversos animales, debiera cambiar nuestra manera de comportarnos entre nosotros y con la naturaleza. Pertenecemos a la majestuosa comunidad biosférica que bulle en casi todos los rincones del planeta. Necesitamos cooperación comunitaria. Una gran minga constante.

Esto es también lo que podemos descubrir en los parques nacionales, máxima expresión de conservación. Allí podemos sentir y redescubrir nuestro verdadero lugar en la biósfera, respirando aire puro, contemplando la belleza, escuchando el impetuoso rumor de aguas libres. Allí podemos renovar nuestra relación con otras especies, sentirnos alerce, sentirnos puma, huemul y cóndor, sentirnos líquen, perfumada flor de ulmo y abeja, y comprender desde allí este paradigma bioecológico que no es nuevo, que en realidad es la realidad misma, algo que también han percibido claramente antiguos pueblos arraigados. Hoy los parques nos invitan a abrir los sentidos y la mente, a despertar, y mutar a un ser que empatiza activa y conscientemente con toda la creación.

Juan Pablo Orrego

Consejero Amigos de los Parques