Sociedad civil y filantropía ambiental

Artículo por Equipo Amigos de Los Parques de la Patagonia

Impulsar la educación sobre parques nacionales, proteger la naturaleza y fomentar una relación armoniosa y respetuosa con ella requiere de una sociedad civil activa e interesada en temas medioambientales. En este artículo revisamos por qué desde Amigos de los Parques trabajamos a través de distintos proyectos y con otras organizaciones en red por impulsar una Ley de Filantropía Ambiental.

Primero revisemos, ¿qué es la sociedad civil? Rodrigo Jordán, Presidente del Directorio de Amigos de los Parques, definió a la sociedad civil de esta manera en una columna publicada en El Llanquihue:

«También llamada tercer sector, la sociedad civil se refiere al espacio donde las personas se organizan para atender temas de interés público. Desde allí, cumple distintos roles frente al Estado: muestra lo que el Estado no ve o ha dejado de ver; vigila al Estado (garante de la democracia y del cumplimiento de derechos y obligaciones que emanan de convenios internacionales); y colabora con el Estado para construir algo más grande». Según Rodrigo Jordán, «la calidad de la vivienda, la multidimensionalidad de la pobreza, la situación de las personas en calle, la agenda de género, el cuidado del medioambiente, la conservación del patrimonio natural, todas estas temáticas son empujadas por las organizaciones de la sociedad civil», haciendo visible lo que a veces no se ve o no se quiere ver, poniendo los temas sobre la mesa.

 

La sociedad civil también es quien vigila al Estado, es garante de la democracia y del cumplimiento de los derechos, así como de las obligaciones que emanan de las convenciones internacionales. Allí donde el Estado firma compromisos, la sociedad civil observa su cumplimiento, como es el caso del Acuerdo de París para enfrentar el cambio climático, o de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que nuestro país suscribió al 2030 y que entre sus compromisos está la gestión sostenible de los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad. Aquí, el cuidado del patrimonio natural a través del fortalecimiento de los Parques Nacionales es la mejor alternativa para enfrentarlo.

La sociedad civil también colabora con el Estado, enriqueciendo su labor con un conocimiento profundo de las temáticas en las que trabajan, innovando en la manera de acercarse a ellas y proponiendo políticas públicas. Aquí, el conocimiento desde la sociedad civil en cuidado del patrimonio natural, y el alcance que tiene el Estado para hacer llegar ese conocimiento a otra escala de cobertura, hacen que de estas alianzas signifiquen pasos gigantes para el cuidado de nuestro patrimonio natural. Allí donde surgen espacios de alianza, de trabajo mutuo, el país crece.

En Chile existen 234 mil organizaciones (grandes y pequeñas) de la sociedad civil registradas, y según el libro Sociedad en acción, del Centro de Políticas Públicas UC, sólo el 0,9% se dedica a temas ambientales.

«Pero eso está cambiando rápido. Tú espera, que va a cambiar mucho», dijo Kris Tompkins, Presidenta de Tompkins Conservation e integrante del directorio de Amigos de los Parques en entrevista con La Tercera sobre filantropía ambiental.

“El financiamiento es uno de los temas que más preocupa a las organizaciones de la sociedad civil, por esto potenciar las donaciones de empresas y personas naturales es un mecanismo para fortalecerlas. Los incentivos tributarios resultan ser una herramienta importante para lograrlo”, explica el estudio.

En Chile existen diversas leyes que rigen los beneficios tributarios de los donantes a proyectos de organizaciones con distintos fines, como son social, cultural, educacional, deportivo, pero no con fines ambientales. Al contrario, se castiga las donaciones con fines medioambientales al estar afectas al Impuesto a las Herencias, Asignaciones y Donaciones con cargo al donatario, de carácter progresivo del 1% al 40% del monto donado e incluso más, dependiendo del tipo de donación.

La inexistencia de una legislación que promueva la filantropía ambiental ha puesto barreras a la construcción de un tejido socioambiental sólido que pueda impulsar el cuidado, promoción y fortalecimiento de los parques nacionales, además de cambios culturales y sociales contundentes en la materia”, explica Eugenio Rengifo, director ejecutivo de Amigos de los Parques.

 

Macarena Soler, fundadora de Geute e integrante del directorio de Amigos de los Parques, define “cuando nos referimos a la filantropía ambiental extendemos la generosidad más allá de lo puramente humano, hacia nuestra biósfera, adquiriendo una dimensión que trasciende a las futuras generaciones. Se trata de sumar sensibilidades, convicciones y compromisos profundos, de cambios en todo el espectro del comportamiento humano y su impacto en la naturaleza que están actualmente en proceso, una verdadera evolución cultural que transforma el significado de alteridad y generosidad”.

“¿Vamos a proteger esos lugares que nos brindan una belleza infinita? ¿Vamos a proteger a Chile y sus ecosistemas de manera tal que en 200 años más las personas estén viviendo de manera digna y vidas saludables y el mundo infrahumano también? Estas son decisiones”, dijo Kristine Tompkins en el lanzamiento del proyecto CEP Chile sobre Conservación, Institucionalidad y Filantropía Ambiental. “Estar acá de pie hoy y estar preparada para oír (…) el cambio del sistema de valores para proteger de manera activa, a través de la filantropía, fomentando la filantropía, para mi esta es una historia que debe estar en los libros de historia en el futuro y me parece que se a va lograr acá en Chile y los felicito a todos ustedes”, agregó.

Para profundizar

(Ilustración de Rafael Edwards publicada en La Tercera en el artículo mencionado a continuación)

 

Reproducimos aquí parte del artículo Radiografía de la Filantropía Ambiental, escrito por José Miguel Jaque y publicado el 13 de septiembre de 2019 por La Tercera (pincha aquí para ver su publicación original),

Hoy en Chile existen muchas iniciativas de conservación, educación ambiental y de protección de territorios y de especies que están realizando acciones filantrópicas. Pero como no existe una ley ni una institucionalidad que se haga cargo del tema, no existe una definición oficial. El cliché de la filantropía es asociarla a millonarios que donan mucho dinero a una causa, pero «la filantropía viene en cualquier modo, no tiene que ver solamente con donar plata», repara Kris Tompkins.

(Foto: La Tercera)

Según Lester Salomon, director del Centro de Estudios de la Sociedad Civil de la U. Johns Hopkins, la filantropía es una donación privada de tiempo u objetos de valor -dinero, propiedades, bienes- con propósitos públicos. Esa definición se ajusta al panorama filantrópico «verde» del país, pero para que sea filantropía propiamente tal debe tener algunas «condiciones».

La primera: la filantropía no es Responsabilidad Social Empresarial (RSE) y es un error común confundirlas, dice Macarena Soler, directora de Fundación Geute Conservación Sur e integrante del directorio de Amigos de los Parques. «Los incentivos y las motivaciones son distintos, lo que no significa que la RSE no deba ser estimulada y fomentada. Ninguna es mejor o peor, sólo son diferentes», explica. El objetivo de la filantropía es personal -dejar un legado o retribuir a la sociedad-, mientras una acción de RSE de una empresa, como hacerse cargo de un pasivo ambiental, busca mejorar su situación competitiva o un valor agregado dentro del negocio.

Otro «requisito» es hacerse parte en el proyecto. «Ser filántropo es involucrarse en una causa que tiene un fin grande para toda la humanidad, que es distinto a la caridad, donde tú donas pero no te implicas», dice la socióloga Paula Streeter, del Centro de Políticas Públicas UC. Además, la filantropía requiere contar con una estrategia o institucionalidad que permita una proyección en el tiempo, para que el proyecto perdure más allá de sus fundadores.

Magdalena Aninat, directora del Centro de Filantropía e Inversiones Sociales (Cefis) de la UAI, cree que el tema ambiental tendrá cada vez mayor atención de los aportes filantrópicos, especialmente en la medida en que se tome conciencia de los efectos del cambio climático y la urgencia de actuar en la conservación medioambiental. «Lo que falta para destrabar este potencial es una legislación que facilite los aportes voluntarios de los distintos actores sociales», dice.

La falta de incentivos para invertir en proyectos de conservación es una de las banderas de lucha de quienes están discutiendo sobre filantropía. Esto, porque si hoy una empresa entrega aportes económicos para apoyar una iniciativa de conservación o de protección del medioambiente, Impuestos Internos declara esa donación como gasto rechazado, por lo cual se le aplica un impuesto de un 40%.

En una columna publicada en La Tercera, Sylvia Eyzaguirre dice que en este país una persona natural puede gastarse su fortuna en el casino o en una fiesta, pero si decide donar en medioambiente debe pagar impuestos. «Si una fundación recibe una donación de US$ 100 millones de una empresa para fines de conservación, la fundación debe pagar el 35% de lo que recibió (US$ 35 millones) en impuestos y la empresa debe pagar un impuesto equivalente al 40% del monto donado (US$ 40 millones) en impuestos (…) ¿A alguien le quedan ganas de donar?», escribe.

Ésa es una de las razones que explican que el medioambiente ocupe el sexto lugar entre los ámbitos a los que las empresas, las fundaciones y los ciudadanos donan su dinero, detrás de educación, desarrollo social, primera infancia y/o tercera edad, salud y vida sana, y arte y cultura, según los datos del Primer Barómetro de Filantropía en Chile, que el Cefis lanzó en 2019.

Las señales

El tema de los incentivos es pertinente en medio de un escenario de crisis climática, donde la conservación es mirada con atención por empresarios, políticos y ONG como un objetivo de filantropía, porque es parte de la solución. Tal como lo planteó Kris Tompkins en el CEP: «El sur de Chile tiene uno de los ecosistemas más ricos en el mundo y ustedes no piensan en eso; Chile juega un rol que la mayoría de las personas no sabe. Ahora tienen que mirarse a sí mismos en el escenario global del cambio climático, no sólo en lo que pueden hacer internamente, sino en cuál es su responsabilidad global».

Pese a esto, hay señales contradictorias. Chile ha sumado miles de kilómetros de áreas protegidas: hoy tiene el 21,5% de su superficie terrestre y el 40,5% de sus aguas oceánicas bajo alguna figura de protección, lo que ha puesto al país como un ejemplo a imitar. Sin embargo, el Estado invierte apenas 1,54 dólares por cada hectárea protegida, lejos de los 23,4 dólares que gasta Argentina y de los 92 dólares de Estados Unidos, según expuso Forrest Berkley en el CEP.

Conoce más de nuestras acciones en filantropía ambiental aquí.

Lecturas recomendadas:

Mira aquí el video completo del lanzamiento del proyecto Conservación, Institucionalidad y Filantropía Ambiental.